El Sistema Financiero Mexicano: Estabilidad sin Inclusión Financiera: ¿La Paradoja que Frena el Crecimiento?

El sistema financiero de México presenta una aparente paradoja: por un lado, ostenta estabilidad macroeconómica y bancaria, con disciplina regulatoria estricta; pero, por otro lado, exhibe niveles históricamente bajos de crédito e inclusión financiera

Reformas y Desarrollo Financiero Insuficiente

Luego de que se pusieron en marcha las primeras reformas para modernizar y liberalizar el sistema financiero mexicano en los 80’s, el desarrollo financiero no ha cumplido con los objetivos prometidos, ya que el país ha tenido constantemente un bajo índice de intermediación financiera. 

Nuestro país también ha presentado grandes desafíos. Por ejemplo, tras la crisis financiera de 1995, la banca ha fortalecido su capital y redujo la morosidad en un entorno macroeconómico más disciplinado. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la penetración del crédito y la inclusión avanzan lentamente frente a referentes regionales e internacionales.

Brechas en crédito e inclusión

Según el  Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) en México, después de 30 años desde las primeras reformas, para no se han alcanzado los objetivos esperados. Ya que al cierre de dicho periodo el crédito bancario al sector privado respecto del producto interno bruto (PIB) equivalía a apenas alrededor del 31%, muy por debajo del promedio latinoamericano (el cual se ubicaba en el 53%) y de economías comparables como Brasil o Chile (superando el 50% y el 80%, respectivamente). México sale peor librado si se compara con economías miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) como España, Reino Unido o Estados Unidos, las cuales han superado el 100% en esta misma relación.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 confirma que aun en 2023, existen brechas de acceso y uso de servicios financieros por sexo, región y nivel de ingreso, a pesar de la expansión de canales (sucursales, cajeros, corresponsales) y productos digitales, lo que lo mantiene rezagado frente a otros países de la región y a la OCDE en capitalización bursátil e inclusión financiera, aunque la rentabilidad de los bancos y los márgenes de intermediación se mantienen altos. 

Estabilidad versus Competencia

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) muestra que, posterior a la pandemia del Covid-19, y en un entorno de tasas altas, los bancos preservaron resiliencia de capital y liquidez, sin un despegue equivalente en crédito productivo. Este contraste revela un desequilibrio: la estabilidad se ha privilegiado sobre la competencia y la expansión del crédito. 

La regulación prudencial ha cumplido con reducir riesgos sistémicos, pero también ha configurado un modelo de excesiva precaución regulatoria. Esto: 

  • limita la competencia
  • la entrada de nuevos jugadores, y
  • la capacidad del sistema para canalizar crédito hacia empresas y hogares.

Esta excesiva precaución regulatoria puede trazarse como paralelo a la ortodoxia que dominó durante décadas la política laboral en México: la renuencia a incrementar los salarios mínimos por temor a desatar inflación o desempleo formal. Al igual que en el sistema financiero, la prudencia evitó riesgos en el corto plazo, pero también habría limitado las oportunidades de inclusión, productividad y crecimiento en el largo plazo.

Concentración Bancaria, Regulación y Consecuencias

A pesar de la entrada en vigor en 2018 de la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera (Ley Fintech) y como consecuencia la entrada al mercado de nuevos competidores, según un estudio de competencia en el mercado de los servicios financieros digitales de la Comisión Federal de Competencia Económica la oferta regulada continúa altamente concentrada. Los siete principales bancos concentran alrededor del 80% de la cartera de crédito al consumo de la banca múltiple (87% en tarjetas de crédito y 52% en créditos personales al cierre de 2023). En contraste, algunos proveedores fintech han incrementado de manera notable su presencia en la emisión de tarjetas de crédito y en la colocación de créditos en un corto plazo. 

En ese sentido, el diseño institucional mexicano del sector financiero propicia que haya estabilidad con poca inclusión y no sólo podría limitar el otorgamiento de crédito, sino que también podría distorsionar la competencia y podría estar amplificando la rentabilidad del sistema, ya que la misma regulación podría:

  • Imponer barreras a la entrada a nuevos participantes, 
  • Reducir la aparición de proveedores alternativos, y 
  • Perpetuar posiciones dominantes de unos cuantos bancos. 

Lo anterior contribuye a la falta de competencia que se observa en el mercado, lo cual redunda en el exceso de beneficios que caracterizan a los bancos mexicanos (altos márgenes de intermediación), que viene acompañado de la baja calidad en los servicios que ofrecen (baja inclusión).

La consecuencia es clara: tasas de interés activas más altas, baja inclusión y utilidades récord para los bancos. Como ejemplo, vemos que en 2023, las utilidades netas de la banca superaron los 273 mil millones de pesos, un crecimiento cercano al 15% anual. 

De hecho, los márgenes financieros calculados por el Banco Mundial  (spread entre tasa activa y pasiva) se ubican entre los más altos de la OCDE y América Latina. En cuanto a inclusión financiera, a pesar de los esfuerzos realizados para ampliar el acceso a los servicios financieros, una parte significativa de la población mexicana sigue sin tener acceso a servicios bancarios básicos. 

Según la ENIF 2024, sólo el 56% de los adultos en México reportan tener una cuenta bancaria, en comparación con más del 80% en el promedio de la OCDE. La inclusión financiera es esencial para el desarrollo económico, ya que permite a las personas ahorrar, invertir y acceder a crédito, lo que a su vez puede impulsar el crecimiento económico si el mismo es aplicado productivamente.

Así, la paradoja se profundiza: el sistema financiero es poco incluyente, pero muy rentable. Factores como tasas de interés altas, una base cautiva de clientes y comisiones crecientes explican esta dinámica. 

Si bien la digitalización y el auge de las Fintech han reducido costos y mejorado la eficiencia, estos beneficios no se han traducido en mayor acceso al crédito para las pymes y hogares mexicanos. En general, la relación crédito/PIB de México permanece estancada en niveles bajos, e incluso al incluir financiamiento total (público y privado) apenas ronda el 82% del PIB, comparado con un promedio de 245% a nivel internacional.

Conclusión

El sector financiero mexicano se encuentra en una encrucijada. A pesar de su rentabilidad, de los avances tecnológicos, y la entrada de nuevos competidores, las fallas de mercado persisten y limitan su potencial de crecimiento.

La lección es clara: estabilidad y competencia no deberían ser objetivos excluyentes. Un marco regulatorio más balanceado —basado en riesgos diferenciados, no en la precaución generalizada— podría abrir espacio para más jugadores, mayor inclusión financiera y un crédito más barato y abundante para las empresas y hogares. Sólo así el sistema financiero mexicano dejará de ser un freno y podrá convertirse en un motor del desarrollo económico.

Es esencial que se implementen políticas y modificaciones a la regulación que fomenten la competencia y la inclusión financiera para garantizar que todos los mexicanos puedan beneficiarse de los servicios financieros. 

La pregunta ya no es si México puede mantener la estabilidad, sino cómo convertirla en inclusión y crédito productivo. Ese es el verdadero reto de la próxima década.

Si necesitas de consultoría estratégica dentro del sector financiero mexicano agenda una cita con nosotros. 

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Osler Pascoe Moreno

Socio y Economista Senior

Es economista por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde también obtuvo dos maestrías: una en Finanzas y otra en Administración de Empresas (MBA).

Cuenta con más de 14 años de experiencia profesional en materia de competencia económica, regulación de mercados y análisis financiero. Ha liderado investigaciones en sectores estratégicos como energía, transporte, comercio minorista y servicios financieros, con resultados validados por el Pleno de la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) y reconocidos en foros internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Red Internacional de Competencia (ICN).

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